🔬 Un equipo de Carnegie Mellon comparó a ocho monos con 58 preescolares y 79 adultos tsimané en un juego de emparejar formas. Babuinos y macacos usaron estrategias mentales parecidas a las humanas para captar simetría, ángulos y paralelismo. El estudio, publicado el 20 de julio en PNAS, sugiere que el razonamiento geométrico tiene raíces evolutivas profundas.
Participaron cuatro macacos rhesus y cuatro babuinos oliva. Los babuinos jugaron en el Primate Portal, un sistema de pantalla táctil instalado en el zoo de Seneca Park, en Rochester. Uno de ellos, Kalamata, se sentaba a trabajar dos o tres horas seguidas y completaba miles de ensayos, cuenta Jialin Li, doctorando en Carnegie Mellon y primer autor.
La prueba era simple en apariencia. El participante veía una figura modelo — un cuadrado, por ejemplo — y luego elegía cuál de dos figuras coincidía con ella. Los investigadores dieron a las figuras de respuesta la mitad del área del modelo, así nadie podía resolver la tarea comparando tamaño o número de píxeles. En otra versión giraban las figuras, lo que obligaba a reconocer la forma pese al cambio de orientación. Los monos ganaban bolitas de cereal con sabor a fruta; los niños, pegatinas.
Después, el equipo usó modelos computacionales para ver qué propiedades visuales predecían mejor cada elección. Uno recogía detalles simples, como bordes y líneas. Otro, la forma global. El tercero codificaba rasgos discretos — lados iguales, ángulos iguales, simetría, paralelismo — y lo llamaron «simbólico». Si la geometría abstracta dependiera de un sistema simbólico exclusivo de nuestra especie, solo las personas habrían mostrado ese patrón. No fue así: monos y humanos mezclaron información visual compleja con rasgos de tipo simbólico. Con las figuras rotadas, los monos se apoyaron unas tres veces más en el modelo simbólico.
Los adultos rindieron mejor, luego los preescolares y los monos, pero sus resultados se solapan. «Hay un hilo de continuidad que recorre el razonamiento geométrico entre humanos y no humanos», dijo Jessica Cantlon, coautora del trabajo.
✅ Para Elizabeth Brannon (Universidad de Pensilvania), ajena al estudio, la diferencia entre humanos y otros primates sería más cuantitativa que cualitativa. Ella misma pone el freno: esto no significa que los monos manejen matemáticas formales, que incluyen lenguaje, demostración y transmisión cultural. Los límites pesan: solo ocho animales, y el trabajo mide desempeño, no lo que ocurre dentro del cerebro. Cantlon apunta un uso práctico — enseñar geometría partiendo de las intuiciones que los niños ya traen a clase.


