🔬 Brian Nosek, director ejecutivo del Center for Open Science, anunció el 11 de agosto que el Open Science Framework no admitirá nuevos datos ni código desde el 16 de noviembre. Mantener la plataforma cuesta entre 4 y 5 millones de dólares al año, y parte del respaldo de agencias federales y fundaciones privadas no se renovó.
Lo ya publicado seguirá en línea. Lo que desaparece es el modo privado: nadie podrá subir materiales en privado y los archivos privados que ya existen pasarán a ser públicos, salvo que el usuario los borre o los abra por su cuenta. Sí continúan el flujo de preregistro —donde los científicos publican diseños y métodos antes del experimento— y los 14 servidores de preprints que operan en la plataforma.
Lanzado en 2012, el OSF acumula más de un millón de usuarios y funcionaba como ventanilla única gratuita: código, datos, materiales suplementarios y manuscritos guardados sin fecha de caducidad. Nosek calcula que retirar el almacenamiento y el modo privado recortará más de la mitad de los costes operativos. Una quinta parte de los usuarios guarda todo en privado, algo que choca con el espíritu abierto del centro. «No recaudamos dinero filantrópico para ofrecer una solución gratuita de almacenamiento privado de datos», explica. Muchos, añade, usaban ese espacio para contenido ajeno a la ciencia.
✅ Nosek recomienda mover datos, código y suplementos a repositorios como Zenodo, Dryad, Dataverse y Figshare. El trabajo de mudanza recae ahora en cada laboratorio: Erin Wamsley, neurocientífica cognitiva de la Universidad Furman, tiene decenas de proyectos alojados en el OSF y estudios en marcha que deberá reubicar. «Me gustaría de verdad tener todo en un mismo lugar», dice. El límite del anuncio: no precisa qué financiadores fallaron ni qué ocurrirá si el ahorro previsto no basta.



