El equipo de Brandon Johnson, científico planetario de Purdue University, sugiere en JGR Biogeosciences que el impacto de Chicxulub, hace 66 millones de años, generó un pulso de calor capaz de causar incendios extensos en pocas horas. El polvo fino de roca habría elevado la dosis térmica que recibieron los animales expuestos.
El asteroide, de unos 10 kilómetros de diámetro, impactó la península mexicana de Yucatán y abrió el cráter de Chicxulub. Parte de la roca vaporizada formó pequeñas esferas que cayeron a través de la atmósfera. Al frenarse, liberaron calor; los modelos previos no preveían que ese efecto encendiera vegetación en todo el planeta.
Los autores añaden polvo fino de silicato, hallado sobre las esferas en Tanis, Dakota del Norte, y también en la cuenca de Ratón, entre Colorado y Nuevo México. Ese polvo habría retenido radiación y dirigido más calor hacia la superficie. El modelo calcula un pulso 3,5 veces más intenso y una dosis térmica unas 17 veces superior a la considerada letal para humanos.
✅ El estudio apunta a que hierba, líquenes y agujas de pino pudieron encenderse y alimentar fuegos mayores, mientras los animales bajo tierra o en agua tuvieron más opciones de sobrevivir al pulso inicial. El límite clave es geográfico: las señales de incendios que sostienen esta hipótesis solo se han hallado en Norteamérica, no en un registro global.



