🔬 OpenAI afirma que resolvió con inteligencia artificial el problema de Navier–Stokes, una de las grandes preguntas de las matemáticas. El anuncio del 8 de septiembre abrió un debate sobre quién merece el crédito: algunos investigadores temen que sus conversaciones con chatbots alimentaran ese trabajo. Falta confirmar la solución por vías independientes.
Tristan Buckmaster, de la Universidad de Nueva York, y Levent Alpöge, de Harvard, trabajaban en un aspecto del problema con herramientas de OpenAI y Anthropic. Buckmaster sospecha que el modelo pudo aprender de sus intercambios con ChatGPT durante un año. Tenía tres cuentas; en dos había desactivado el permiso para usar conversaciones en el entrenamiento. OpenAI afirma que ningún mensaje posterior al 3 de julio pudo influir en el sistema. Añade que empezó el trabajo el 1 de septiembre y que no accedió al de ambos investigadores antes de que fuera público.
OpenAI dice haber verificado su prueba con el lenguaje de programación Lean. El Instituto Clay de Matemáticas exige que los resultados pasen por una revista con revisión por pares y por el escrutinio posterior de la comunidad. Está en juego un premio de un millón de dólares. Investigadores del campo sostienen que buena parte del crédito corresponde a Buckmaster y Alpöge, además de Diego Córdoba y Luis Martínez Zoroa, de centros de Madrid.
El debate abarca otros trabajos. Andreas Thom, de la Universidad Técnica de Dresde, compartió con ChatGPT una estrategia sobre grupos llamados «no sóficos». En agosto, OpenAI presentó un ejemplo con una estrategia similar (preprint; pendiente de revisión por pares). El texto cita trabajos publicados de Thom y sus colaboradores, pero no está establecido si el modelo aprovechó sus conversaciones. Una carta abierta firmada por 25 ganadores de la Medalla Fields también alerta sobre el crédito y el plagio.
✅ El caso plantea cómo reconocer las ideas compartidas con una IA cuando estas no figuran en artículos publicados. Las sospechas descritas no prueban que OpenAI utilizara esas conversaciones, y la solución de Navier–Stokes sigue pendiente de confirmación independiente.



