Un equipo liderado por Boris Vinatzer (Virginia Tech) descubrió que ciertos hongos de la familia Mortierellaceae poseen un gen casi idéntico al bacteriano InaZ, capaz de producir proteínas que congelan el agua a unos −5 °C. Ese gen, adquirido hace tal vez millones de años, les permite sembrar nubes y provocar precipitaciones. El estudio se publicó el 11 de marzo en Science Advances.
Los científicos ya sabían que algunas bacterias —como Pseudomonas syringae, que infecta el maíz— tienen proteínas de membrana que congelan agua a temperaturas relativamente altas, un proceso llamado nucleación de hielo. Que ciertos hongos también lo hicieran era conocido, pero nadie había identificado el mecanismo.
Vinatzer y su equipo analizaron los genomas de dos cepas de hongos Mortierellaceae. Buscaban un gen que codificara una proteína secretada al entorno, de un tamaño determinado y similar a las proteínas bacterianas de nucleación. Lo que encontraron los sorprendió: un gen casi idéntico al InaZ bacteriano. Para confirmarlo, lo transfirieron a una levadura, que adquirió la capacidad de formar hielo. «Confirmamos que ese fragmento de ADN produce proteínas de nucleación de hielo», explicó Vinatzer.
Todo apunta a que un hongo ancestral adquirió ese gen de bacterias vecinas mediante transferencia horizontal de genes. Sin embargo, la ventaja evolutiva exacta sigue sin estar clara. «No tenemos ni idea por ahora», reconoció Vinatzer. Una hipótesis: uno de los hongos estudiados procede de un liquen —una colonia de hongo y alga que crece sobre rocas y árboles—. Las proteínas podrían atraer humedad del aire para abastecer de agua al liquen. «En mañanas con alta humedad y baja temperatura, las proteínas fúngicas pueden generar escarcha sobre el liquen, que luego se derrite y aporta agua durante el día», sugirió.
El aspecto más llamativo es su posible papel en el clima. Las bacterias como P. syringae ya se consideran parte del ciclo del agua: el viento las arrastra a las nubes, donde sus proteínas generan cristales de hielo que crecen hasta caer como lluvia o nieve. Los hongos podrían hacer lo mismo, y con una ventaja: un solo hongo secreta muchas proteínas, cada una como un núcleo de hielo individual. «Eso sugiere que los hongos podrían ser más importantes que las bacterias para influir en el clima», afirmó Vinatzer.
Además, estas proteínas podrían tener uso práctico. Las operaciones de siembra de nubes usan yoduro de plata, un compuesto tóxico. «Estas proteínas podrían ser una alternativa al yoduro de plata tóxico. Si logramos producirlas, ¿por qué no usarlas?», propuso Vinatzer.
✅ El hallazgo abre dos vías: entender mejor cómo los microorganismos moldean el clima y explorar una alternativa no tóxica para la siembra de nubes. El límite principal: aún no se sabe qué ventaja evolutiva real obtienen los hongos de esta capacidad, y falta cuantificar cuántas de estas proteínas llegan a las nubes en condiciones naturales.
Fuente: livescience.com

