🔬 Un equipo liderado por Lewis Pinault (University College London) propone buscar fragmentos microscópicos de tecnología alienígena en el regolito de la Luna. Según sus modelos, un metro cúbico de polvo bastaría para hallar al menos una partícula artificial. El trabajo es teórico, está en arXiv y no aporta ningún indicio de civilizaciones extintas.
La Luna carece de atmósfera funcional y de campo magnético, así que queda expuesta al vacío. La golpean meteoritos y un goteo constante de partículas diminutas del sistema solar y de más allá. Sin agua ni movimientos tectónicos, ese material se acumula en la superficie y permanece intacto. «La Luna lleva miles de millones de años acumulando material del espacio, buena parte de él más antiguo que la propia Luna», dijo Pinault, afiliado también al SETI Institute.
La caza de tecnofirmas se ha centrado hasta ahora en señales de radio, que solo delatarían civilizaciones activas. Los autores plantean otra vía. Cuando una civilización se extingue, restos de sus megaestructuras o de naves pequeñas podrían quedar flotando, o salir despedidos tras el impacto de un asteroide contra su planeta. Desde allí, el viento estelar expulsaría esas motas de metal fuera de su sistema.
Con modelos de ordenador, el equipo calcula que fragmentos de hasta 3 micrómetros —un 3 % del grosor de un cabello— podrían recorrer el espacio interestelar durante mil millones de años. Que el polvo interestelar alcanza el sistema solar interior ya se sabe: apareció en muestras de Bennu, el asteroide que visitó la sonda OSIRIS-REx de la NASA en 2020. Para cribar el regolito, los autores proponen microscopía, análisis industrial de materiales e imagen asistida por IA. Bill Diamond, presidente del SETI Institute y ajeno al estudio, llama a la idea «original y del todo razonable».
✅ Ninguna muestra lunar analizada contiene tecnofirmas, aunque nadie las buscaba y eran demasiado pequeñas para concluir nada, argumentan los autores. Las misiones que vienen —Chang’e-7, ya retrasada, y el programa Artemis— traerán mucho menos de un metro cúbico, así que quizá haya que esperar a una base lunar permanente; Estados Unidos y China planean levantar una en la próxima década. Los límites pesan: el artículo es un preprint (pendiente de revisión por pares), no hay ni un dato observacional que respalde la idea y los propios autores admiten que una búsqueda sin resultados no refutaría su hipótesis, solo obligaría a pedir más muestra.



