Varios equipos han cultivado arqueas Asgard y observado prolongaciones que podrían ayudar a explicar el origen de la vida compleja. Desde comienzos de 2025 se han anunciado cuatro cultivos más. Estudiarlas vivas permite explorar cómo pudieron asociarse los microbios de los que surgieron nuestras células.
Los investigadores descubrieron estas arqueas en 2015, a partir de ADN recogido en sedimentos del Atlántico Norte. Sus genomas apuntan a este grupo como el linaje ancestral de los eucariotas, que incluyen animales, plantas y hongos. Cultivarlas exige paciencia: los primeros cultivos publicados requirieron doce y seis años de trabajo.
Al microscopio, muchas muestran prolongaciones parecidas a tentáculos o astas. Un equipo de la Universidad de Viena encontró en Lokiarchaeum ossiferum un esqueleto celular con filamentos semejantes a los de células eucariotas. En otros cultivos, investigadores japoneses observaron prolongaciones adheridas a microbios productores de metano, lo que sugiere que podrían ayudar a retenerlos.
Un trabajo de finales de 2025 (preprint; pendiente de revisión por pares) registró células de dos especies en movimiento. Parecían arrastrarse al remodelar el esqueleto interno de sus prolongaciones. Al inhibir las proteínas semejantes a la actina, las células dejaron de moverse.
✅ Estos cultivos permiten explorar cómo pudieron asociarse una arquea y una bacteria al surgir las células complejas. El papel de las prolongaciones en aquel proceso, hace unos 2 000 millones de años, sigue sin resolverse.


