Un equipo internacional reconstruyó el rostro de un hombre que vivió en Ecuador hace entre 3 000 y 4 000 años. La imagen, basada en el cráneo Punín-2, fue presentada a habitantes de Chimborazo que podrían ser sus descendientes y ofrece un vínculo con su pasado.
El equipo está liderado por Hector Flores Franco, escultor de la Universidad de Chimborazo, en Ecuador. Christopher Rynn, antropólogo forense de la Universidad de Dundee, combinó técnicas digitales con modelos parciales en cera para crear el rostro. Usó bases de datos para estimar el grosor de los tejidos en distintos puntos del cráneo. Según estudios recientes de los huesos, el hombre tenía unos 50 años al morir.
Un agricultor encontró el cráneo en un barranco cerca de Punín durante la década de 1970. Su cercanía a fósiles de mastodontes y perezosos gigantes llevó a pensar que tenían la misma antigüedad. Estudios geológicos posteriores descartaron esa idea: la erosión y los movimientos del suelo habían mezclado restos de épocas distintas. El hombre habría vivido como cazador-recolector en la región de Chimborazo.
El modelo muestra cabello negro con raya al medio, un peinado elegido con asesoría local. El cabello no se conservó con el cráneo. Rynn también ajustó la profundidad de los ojos tras consultar a personas de la zona. El equipo prevé terminar un busto con cabello real en 2027 y busca fondos para analizar ADN antiguo de Punín-2 y Punín-1, otro cráneo del mismo barranco.
✅ Poner rostro a estos restos puede acercar a las comunidades a quienes habitaron su territorio hace milenios. Pero el peinado es una propuesta y el parentesco con los habitantes actuales sigue sin confirmarse; el equipo espera aclarar el linaje genético mediante ADN.



