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  Monday, 21 de September de 2026
Vol. VII · Edición Nº 184
Madrid · Ciudad de México
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Política científica: seis principios para blindar la libertad académica

Quien dirige una universidad neerlandesa de más de cuatro siglos propone en Nature seis principios para juzgar cuándo un gobierno o un financiador dirige de…

3 min de lectura
September 21, 2026
Política científica: seis principios para blindar la libertad académica
Image source: Nature

🔬 Quien dirige una universidad neerlandesa de más de cuatro siglos propone en Nature seis principios para juzgar cuándo un gobierno o un financiador dirige de forma legítima un sistema público y cuándo interfiere en el conocimiento independiente. La idea: ofrecer una prueba práctica a quien decide con el reloj en contra.

El diagnóstico arranca con ejemplos. En Estados Unidos, los cambios en cómo se reparte el dinero público y en las prioridades de los programas —clima, estudios de género— junto al desplazamiento del criterio ambiental y de salud pública muestran con qué rapidez una decisión política alcanza a los sistemas que generan datos independientes. En Hungría, una campaña legal sostenida empujó a la Central European University de Budapest a Viena en 2019; en 2020 el Tribunal de Justicia de la UE declaró esos cambios legales incompatibles con el derecho europeo. Entre 2017 y 2019, el gobierno de Viktor Orbán trasladó el control del dinero para investigar desde la academia nacional de ciencias a una red nueva, cuyo consejo preside el candidato de un ministro.

Tampoco hace falta mirar lejos. En Países Bajos, la academia nacional advirtió en 2025 de que los grandes recortes empujan a sustituir el trabajo independiente por encargos externos, y de que una ley de cribado sobre seguridad del conocimiento limitaría al investigador a la hora de elegir con quién colabora. También documentó autocensura tras episodios de intimidación en el debate público. Los rectores neerlandeses alertaron ese mismo año de una tendencia política a dirigir el contenido de la ciencia y de las aulas.

Entre los seis principios: anclar la libertad académica en el deber de producir conocimiento fiable; proteger las preguntas cuyo valor nadie puede demostrar por adelantado; tratar a las universidades como infraestructura democrática; y unir seguridad y apertura en un mismo deber. Los tres primeros explican por qué hay que proteger el preguntar libre; los tres últimos, cuándo ese amparo se sopesa frente a otros intereses legítimos.

Sobre el segundo, el texto recuerda de dónde salieron algunos usos imprevistos: estudiar cómo se defienden las bacterias de los virus acabó en CRISPR y en una terapia para la anemia falciforme; décadas de trabajo con ARNm y nanopartículas lipídicas dieron la plataforma de las vacunas contra la COVID-19. Ninguna de esas líneas habría puntuado alto en relevancia social al empezar.

✅ La propuesta se resume en una pregunta: ¿la medida refuerza el escrutinio independiente o lo debilita? Reescribir convocatorias para favorecer ciertas respuestas, filtrar a investigadores por lo que piensan o retirar datos incómodos de la red apuntan a lo segundo. El límite: es un artículo de opinión, no un estudio. No mide el efecto de esas medidas ni compara países con un método sistemático, y sus principios todavía deben probarse en decisiones reales.


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