🔬 El derrumbe glaciar del 26 de agosto en la frontera Nepal-Tíbet dejó al menos 1 400 muertos y más de 6 000 desaparecidos. Expertos consultados por Live Science señalan ahora otros puntos calientes del planeta —los Andes peruanos, los Alpes, Alaska y el resto de la Alta Montaña Asiática— donde el retroceso del hielo amenaza a millones de personas.
Una masa de roca y hielo se desprendió de la ladera y cayó 2 000 metros hasta el río Lhende, en el Tíbet, a 150 metros por segundo, según el Stimson Center. El aluvión arrancó las orillas, arrastró escombros y dejó daños a más de 100 km de distancia. «Hubo poco aviso», resume Mark Carey, de la Universidad de Oregón.
Más de 9 millones de personas conviven con el riesgo de desbordes glaciares en la Alta Montaña Asiática, según un estudio de 2023 en Nature. La zona guarda el tercer volumen de hielo del mundo, tras el Ártico y la Antártida, y se calienta al doble del ritmo global. Sus laderas empinadas canalizan agua y piedras hacia valles estrechos donde vive mucha gente; los temblores, frecuentes allí, debilitan el hielo. «El permafrost y el manto glaciar sujetan la roca en su sitio», explica Carey.
Perú reúne el 68 % de los glaciares tropicales y arrastra una historia dura: 6 000 muertos en el Huascarán en 1970 y unos 2 000 en Ranrahirca en 1962. Hoy hay 528 lagos que podrían desbordarse, 58 de ellos «de muy alto riesgo» por su cercanía a la gente. Uno, Palococha, cuelga sobre Huaraz y sus 130 000 habitantes. En los Andes los lagos glaciares crecieron un 93 % en dos décadas, frente al 37 % de Asia.
Vigilar sirve. Cuando el glaciar Birch empezó a moverse en 2025, Suiza evacuó el pueblo de Blatten antes de que la avalancha lo arrasara: murió un pastor de 64 años que estaba fuera de la zona evacuada.
✅ Drenar lagos también funciona: Perú vació 34 en siete décadas y, según Carey, eso salvó decenas de miles de vidas. Pero el Himalaya es inmenso y las autoridades locales carecen de dinero para redes de vigilancia o helicópteros de rescate. Y la ingeniería falla: la laguna 513 se daba por asegurada hasta que en 2010 una avalancha levantó una ola de 25 metros que rebasó el dique e inundó casas y cultivos. «Todos nos equivocamos», admite Carey. A largo plazo, frenar el calentamiento sigue siendo la medida más amplia.



