🔬 Unas fotos confirman que las arañas de mar gigantes del abismo australiano emiten luz propia. Jérôme Mallefet, biólogo marino de la Universidad Católica de Lovaina, y su equipo documentaron el brillo en dos especies con patas de 25 centímetros, según publican en Deep Sea Research Part I. La luz sale sobre todo por la cara inferior de las patas.
El hallazgo llegó en una campaña de 2017 sobre la fosa del sureste de Australia. Mallefet montó un cuarto oscuro improvisado a bordo del buque RV Investigator y fue probando los ejemplares sospechosos de emitir luz entre los 25 000 animales que subieron las redes desde casi 5 000 metros. «Pasé la mayor parte del tiempo a 6 °C, en una sala fría y oscura», cuenta. «Creo que estaba un poco loco, pero me gusta».
Al tocar a la mayor de estas arañas, Colossendeis tasmanica, surgió una luz tenue. Con cloruro de potasio, que excita las células bioluminiscentes, el brillo duró hasta diez minutos. C. minor también se encendió. Las imágenes respaldan descripciones sueltas de hace más de un siglo: «La criatura, tumbada de espaldas, brillaba como una estrella, con todas las patas iluminadas en su cara ventral por un extraño resplandor azul». Bajo luz ultravioleta y azul, tres especies —incluida una sin bioluminiscencia— emitieron fluorescencia verde, como les ocurre a varios anfibios y al ornitorrinco.
✅ El 76 % de los animales de las profundidades fabrica su propia luz, un rasgo que se remonta a hace 540 millones de años; sumar a las arañas de mar amplía ese catálogo. El brillo se concentra donde está el tubo digestivo, así que el equipo sospecha que estos animales toman la maquinaria luminosa de presas como las anémonas. Mallefet apunta a dos usos posibles: atraer pareja, o alumbrar el fondo para localizar presas, caer sobre ellas y licuar sus tejidos con un apéndice en forma de aguja. Todo eso sigue siendo especulación: las pruebas se hicieron con animales sacados del agua y estimulados en cubierta, no en su ambiente. Confirmarlo exigirá vídeo en el fondo abisal.



