🔬 Las redes sociales están cambiando cómo muchas personas buscan y entienden la salud, advierte Deborah Cohen, periodista con formación médica, en su libro «Bad Influence». Sus algoritmos priorizan publicaciones que generan interés y pueden presentar respuestas rápidas donde la atención sanitaria debe sopesar riesgos, beneficios y daños.
Cohen describe una tensión doble. Las plataformas permiten compartir experiencias, hallar grupos de apoyo y conocer síntomas o afecciones. A la vez, dan espacio a quienes difunden información falsa, promocionan productos o explotan temores. Según la autora, muchas mujeres que consultó sentían que nadie las veía ni escuchaba, en especial ante problemas ginecológicos.
El contenido también puede llegar de forma pasiva: el algoritmo muestra temas que una persona no buscaba. Cohen señala que, en TikTok, algunas personas hablan del TDAH según lo que se vuelve viral porque la interacción genera dinero. Le preocupa que esa dinámica altere cómo entendemos una afección y que algunos médicos usen vínculos parasociales y su autoridad para llevar seguidores a clínicas que ofrecen intervenciones sin base suficiente o con posibles daños.
Los modelos de lenguaje añaden otra capa. Cohen ve posibles usos para interpretar jerga médica o explorar opciones, pero recuerda las alucinaciones y las dudas sobre respuestas complacientes. La entrevista cita una investigación reciente según la cual el 50 % de los estadounidenses menores de 50 años usa redes sociales para informarse sobre salud.
✅ La alfabetización en salud también exige preguntarse quién publica, qué vende, cómo obtiene ingresos y si explica riesgos, alternativas y qué ocurre al no intervenir. Este texto recoge la mirada de una autora en una entrevista, no resultados de un estudio original; además, la cifra citada no detalla aquí su método ni su muestra. ⚕️ No es consejo médico.



