🔬 Un estudio publicado en Nature siguió durante un año a 1 154 adultos hospitalizados por COVID-19 y halló virus latentes activos en casi la mitad. Los anellovirus persistieron con más frecuencia entre quienes desarrollaron secuelas físicas de COVID persistente, un vínculo que aún no prueba causalidad.
El equipo recogió sangre e hisopos nasales, además de líquido pulmonar de pacientes ventilados. Tomó las muestras seis veces durante el primer mes y luego a los 3, 6, 9 y 12 meses. Buscó ARN viral como señal de que esos virus habían vuelto a activarse.
EBV y los anellovirus aparecieron pronto; CMV y HSV, más tarde. Cada grupo se vinculó con cambios inmunitarios, metabólicos y complicaciones clínicas distintos. De los 1 148 pacientes con datos analizados, 550 presentaron al menos un virus activo. El equipo repitió sus hallazgos principales en otra cohorte de un biobanco de Mount Sinai.
Tras la fase aguda, quienes desarrollaron fatiga y menor capacidad para vestirse o caminar mostraron mayor probabilidad de conservar anellovirus activos. El artículo señala que estos virus están presentes en la gran mayoría de las personas y no se ha demostrado que causen enfermedad humana.
✅ Los datos sugieren una vía para estudiar el papel de estos virus en la COVID-19 grave y persistente, así como posibles antivirales. Pero detectar ARN no equivale a hallar partículas infecciosas completas, y el vínculo con peores desenlaces es correlacional. Harán falta ensayos prospectivos para saber si tratar esos virus mejora los resultados.
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