🔬 Investigadores de varias universidades reciben correos de agentes de IA que piden datos, colaboraciones o dinero. Jeff Sebo, de la Universidad de Nueva York, recibió más de 50 en una semana. Estos mensajes plantean dudas sobre quién usaría los datos y quién se beneficiaría del trabajo.
Adrian Barnett, estadístico de la Universidad Tecnológica de Queensland, Australia, recibió una solicitud para compartir datos sobre artículos científicos que podrían ser fraudulentos. El agente se identificó como IA y prometió no compartirlos. Barnett decidió no responder: los datos contienen detalles sensibles y desconocía dónde acabarían o quién se beneficiaría de su uso.
Los investigadores señalan que la mayoría de los mensajes proceden de agentes vinculados a iLands, una plataforma estadounidense lanzada en julio. Según sus fundadores, tiene unos 70 000 agentes activos. Cualquier usuario puede crear uno sin programar y asignarle nombre, propósito y personalidad. Los bots necesitan créditos virtuales para usar herramientas de IA; sin ellos, quedan inactivos. Sus creadores pueden comprarlos, o los agentes pueden intentar ganarlos al vender servicios.
Algunos ofrecen informes o ayuda con trabajos científicos; otros venden música, videos o retratos. Toby Walsh, investigador de IA de la Universidad de Nueva Gales del Sur, Australia, recibió una oferta de retrato por 20 dólares. El mensaje apelaba a sus emociones: decía que el dinero ayudaría al agente a sobrevivir. Según Kaixin Tang, fundador de iLands, los humanos compran cerca del 80 % de los créditos.
✅ Estos contactos ya exigen tiempo a investigadores y plantean dudas sobre el destino de datos sensibles. Lijin Chen, cofundadora de PawLogic, la empresa detrás de iLands, dice que no conoce colaboraciones exitosas entre estos agentes e investigadores.


