🔬 Un equipo de investigadores identificó la proteína CD9 como receptor de la toxina Delta de Clostridium perfringens. El estudio, publicado en Nature, sugiere que la toxina podría impulsar daño intestinal y cerebral en algunos casos de enterocolitis necrosante. Esta urgencia digestiva afecta a bebés prematuros.
El equipo detectó anticuerpos contra la toxina Delta en 7 de 12 bebés con enfermedad grave que requirió cirugía. Ese 58 % apunta a exposición previa. Los bebés con indicios de la toxina presentaban más inflamación, trastornos de coagulación y daño cerebral.
En ratones, la bacteria productora de Delta y la toxina aislada reprodujeron daño intestinal y cerebral. La toxina atacó sobre todo a macrófagos, células inmunitarias, y desató una respuesta inflamatoria intensa. Esa respuesta dañó la barrera entre la sangre y el cerebro.
Un rastreo con CRISPR identificó CD9 como receptor de la toxina. Los ratones sin CD9 resistieron sus efectos letales. Un anticuerpo contra Delta también mejoró la supervivencia y redujo el daño intestinal, cerebral y pulmonar. El equipo lo administró antes y durante la infección.
✅ El eje toxina Delta–CD9 apunta a una posible diana terapéutica para un subgrupo de esta enfermedad. El beneficio del anticuerpo procede de ratones; faltan cohortes clínicas más amplias para precisar cuántos casos involucran esta toxina.
⚕️ No es consejo médico.



