🔬 Un equipo de la Universidad de California en San Francisco vinculó la dieta del primer brote con futuras recaídas cutáneas en ratones. Una dieta rica en grasa alrededor de ese episodio dejó respuestas más intensas hasta 6,5 meses después. El estudio sugiere que un cambio breve puede dejar huella en las defensas de la piel.
El trabajo, publicado en Nature, comparó dietas con un 60 % o un 10 % de calorías procedentes de grasa. El equipo aplicó imiquimod en las orejas para desencadenar brotes. Cuatro días de dieta grasa alrededor del inicio bastaron para agravarlos, incluso sin obesidad. En ratones obesos, cambiar a la dieta baja en grasa durante esa ventana evitó el empeoramiento adicional.
En otros ensayos, los ratones recibieron dieta grasa desde una semana antes del brote y durante sus seis días. Después, todos recibieron la dieta baja en grasa. Tras unos 25 días, ambos grupos parecían recuperados. Al repetir el estímulo, las orejas del grupo antes expuesto a más grasa engrosaron cerca del doble que las del control. El exceso de respuesta persistió incluso tras 6,5 meses de descanso.
La dieta grasa atrajo neutrófilos, células inmunes que expresaban NLRP3 e IL-1β en la piel afectada. Eliminar estas células o bloquear NLRP3 redujo el exceso de inflamación durante el primer brote. Tras sanar, quedaron células T CD4 de memoria en la piel. Eliminarlas suprimió la diferencia entre grupos al repetir el estímulo.
✅ Los resultados sugieren que la dieta al inicio de un brote podría moldear futuras recaídas, además del peso corporal. La memoria duradera se probó solo en piel de ratones machos; falta saber si ocurre igual en personas.
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