🔬 Richard Kojan, médico de ALIMA en París, describe las barreras para atender el ébola en la República Democrática del Congo. Al 23 de septiembre de 2026, el país registraba 7 890 casos y unas 3 799 muertes. Los diagnósticos tardíos y los obstáculos para cuidar a los pacientes agravan el desafío.
El brote, causado por el virus Bundibugyo, fue declarado el 15 de mayo en el Congo y Uganda. La tasa de letalidad registrada en el Congo rondaba el 48 %. Dos de las cuatro vacunas candidatas contra este virus están en ensayos clínicos.
Kojan explica que los primeros síntomas, como el cansancio, pueden confundirse con otras enfermedades, incluida la malaria. Descartarlas antes de sospechar ébola retrasa el diagnóstico, mientras el virus sigue multiplicándose. La falta de recursos también dificulta aislar a los pacientes y disponer del equipo médico necesario.
Muchos pacientes llegan con pérdida de líquidos, desequilibrios de electrolitos, presión arterial inestable o problemas para respirar. Necesitan cuidados urgentes, pero entrar en las habitaciones aisladas exige ponerse todo el equipo de protección. Ese equipo provoca sudor intenso y dificulta permanecer más de 30 minutos, lo que limita la vigilancia y las intervenciones rápidas.
✅ El testimonio de Kojan subraya la necesidad de detectar antes los casos y facilitar los cuidados urgentes. El límite es serio: no hay vacuna ni cura autorizadas contra el virus Bundibugyo, y los centros descritos están llenos.
⚕️ No es consejo médico.



