🔬 Un editorial de Nature pide a las universidades que no deleguen toda la enseñanza en la inteligencia artificial. Sostiene que el profesor humano debe seguir guiando a los estudiantes para que aprendan a pensar mientras usan chatbots. Los estudios sobre IA y pensamiento crítico aún están en fase temprana, pero los docentes ya notan señales de alerta.
¿Dañará la IA nuestra capacidad de pensar críticamente? Para las universidades, la pregunta es existencial. Muchos se preguntan qué sentido tiene estudiar un título si un chatbot responde preguntas complejas o redacta ensayos con unas pocas instrucciones. Y los profesores también pueden corregir trabajos con IA sin leer su contenido.
Las universidades ya usan estas herramientas. Hay chatbots que resuelven dudas administrativas en la primera semana, algunos campus prueban clases generadas por IA y otros la emplean para comentar trabajos. Thomas Corbin, de la Universidad Deakin (Melbourne, Australia), explica que los estudiantes valoran recibir comentarios al instante y a cualquier hora. El MIT publicó el mes pasado una revisión del uso de IA entre su personal y su alumnado: la tentación crece cuando temen no llegar a una fecha de entrega. Su informe advierte que harán falta cambios profundos para convivir con la IA sin sufrir daños graves.
El editorial recuerda que la historia educativa está llena de miedos parecidos: calculadoras que sustituyeron las tablas de logaritmos, procesadores de texto que reemplazaron la escritura a mano. No acabaron con el pensamiento crítico, aunque quizá lo mermaron. Pero hay dos diferencias. Los móviles y las redes sociales distraen más a los estudiantes, y hay datos que vinculan eso con un descenso del nivel. Además, una calculadora es fiable; la IA todavía no, y sus respuestas exigen revisar fuentes y datos.
Aprender a pensar —sopesar datos, valorar pros y contras, entender el punto de vista ajeno— exige saber mucho de la materia, horas de práctica y equivocarse. Como dijo el Nobel de Economía Philippe Aghion: «Necesitamos escuelas en las que aprendamos a aprender».
✅ Para las universidades, el mensaje es claro: la IA puede aliviar tareas, pero el profesor debe seguir al tanto del progreso de cada estudiante y reservar tiempo para enseñar a pensar. El límite: es un texto de opinión, no un estudio, y la propia revista admite que aún es pronto para sacar conclusiones firmes sobre el efecto de la IA en el pensamiento crítico.



