🔬 Un astronauta de la Estación Espacial Internacional fotografió el 29 de diciembre de 2024 una costra de sal blanca en la cumbre del Emi Koussi, el volcán más alto del Sáhara, en el norte de Chad. El depósito llega a 1 000 metros de ancho y refleja la luz con tanta fuerza que quienes orbitan lo confunden con nieve.
El Emi Koussi es un volcán en escudo piroclástico del macizo del Tibesti, la cordillera volcánica que cabalga entre Chad y Libia. Su cono achatado alcanza 69 km de diámetro y 3 415 metros de altura: el pico más alto del Sáhara, según el Observatorio de la Tierra de la NASA. El Programa Global de Volcanismo del Smithsonian lo clasifica como extinto y no guarda registro histórico de ninguna erupción. Aun así, sus laderas cuentan otra historia: lava de unos 2 millones de años que, según el Observatorio, corrió «más como aceite de motor que como pasta de dientes».
La cumbre esconde una caldera de hasta 15 km, sembrada de conos y bocas volcánicas. En su extremo sur se abre un cráter menor, Era Kohor, y ahí descansa la sal. No es sal de mesa: es natrón, una mezcla de carbonato de sodio decahidratado, bicarbonato, cloruro y sulfato de sodio que dejó un lago salado ya evaporado. A 240 km al noroeste, el cráter Trou au Natron guarda otro depósito parecido que, visto desde arriba, dibuja una calavera gigante junto al volcán Toussidé.
Más raro todavía: ahí arriba hay agua líquida. El Tibesti recibe apenas 20 mm de lluvia al año, pero los barrancos tallados entre el volcán y la meseta de Tarso Ahon son tan estrechos y hondos que viven casi siempre en sombra, y por eso se mantienen frescos. Dos de ellos, de 600 y 250 metros de hondo, sostienen cursos de agua permanentes al este y al oeste del volcán.
✅ Las laderas están surcadas por canales secos que la lluvia de hoy no podría excavar. Un estudio de 2025 que comparó los lagos antiguos de Era Kohor y Trou au Natron calcula que a mediados del Holoceno caía al menos diez veces más agua: el Sáhara verde quedó grabado en la roca. El límite: esa cifra sale de una sola reconstrucción, y la foto aporta una vista, no medidas nuevas. No es la primera vez que este volcán posa para una cámara orbital — la tripulación del Apolo 7 ya lo retrató en octubre de 1968, entre las primeras formaciones geológicas fotografiadas desde el espacio.


