🔬 Un equipo modificó genéticamente el anquilostoma Ancylostoma ceylanicum para que produjera un anticuerpo contra la tetrodotoxina, el veneno del pez globo. En hámsteres, los parásitos adultos liberaron el anticuerpo en la sangre y las muestras neutralizaron parte de la toxina en pruebas de laboratorio.
El trabajo, publicado el 3 de junio en Nature Communications, probó una idea poco intuitiva: usar un parásito intestinal como fábrica viva de moléculas terapéuticas. El estudio recibió fondos del Departamento de Defensa de EE. UU. con la meta de explorar tratamientos protectores frente a amenazas químicas o biológicas, como la tetrodotoxina.
El equipo usó CRISPR para insertar, en huevos del parásito, un gen que codifica un anticuerpo contra esa toxina. Después infectó hámsteres con entre 80 y 100 larvas modificadas. Al madurar, los gusanos produjeron el anticuerpo y lo secretaron al torrente sanguíneo del animal.
Los autores plantean que el mismo enfoque podría servir para liberar otros anticuerpos o fármacos peptídicos, sobre todo contra trastornos gastrointestinales. Alex Loukas, del Australian Institute of Tropical Health and Medicine, mencionó como posibilidades la enfermedad inflamatoria intestinal, las alergias alimentarias infantiles y tratamientos de largo plazo para enfermedades crónicas.
✅ La idea abre una vía para producir y entregar moléculas terapéuticas dentro del cuerpo, pero aún está en fase temprana: solo se probó en hámsteres y la neutralización de la toxina fue parcial. También falta extender cuánto duran las moléculas liberadas por los gusanos antes de pensar en uso humano.
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