🔬 Un equipo de la Universidad de Maryland en el condado de Baltimore usó XRISM para estudiar el púlsar GX 301-2. Los datos sugieren que sus llamaradas de rayos X surgen al atravesar un chorro de plasma de su compañera. El hallazgo permite estudiar cómo ese gas alimenta una estrella de neutrones.
El sistema, llamado BP Crucis, está a unos 13 000 años luz de la Tierra. Allí, GX 301-2 orbita la hipergigante azul Wray 977 cada 41,5 días. Sus llamaradas más intensas ocurren cuando pasa más cerca de su compañera. Son distintas de los pulsos regulares que sus haces dirigen hacia la Tierra cada 11 minutos.
Wray 977 expulsa un chorro de gas ionizado, o plasma, a unos 540 000 km/h. Durante 16 horas que coincidieron con una llamarada, el telescopio espacial XRISM registró cambios rápidos en el espectro de rayos X. Esas señales permitieron al equipo simular cómo el gas caía sobre el púlsar y giraba a su alrededor.
El estudio, publicado el 18 de septiembre en Science Advances, describe la primera detección de este tipo de plasma interactuando con un remanente estelar. Los autores proponen que la gravedad de la estrella de neutrones podría concentrar el viento de su compañera en ese chorro.
✅ Los datos permiten poner a prueba cómo el viento de una estrella alimenta a un púlsar. El análisis abarca 16 horas durante una llamarada; el equipo espera observar otros episodios con XRISM para entender mejor ese vínculo.



