🔬 Astrónomos advierten que, si avanzan planes para lanzar más de un millón de satélites “centro de datos” y hasta 50 000 espejos orbitales, el cielo nocturno podría mostrar una banda brillante tipo “anillo de Saturno”. Según Hugh Lewis (Universidad de Birmingham), sería visible desde cualquier lugar de la Tierra y eclipsaría estrellas y planetas.
Lewis dice que muchas de estas constelaciones necesitarían apilarse en una órbita que sigue la línea día-noche (el terminador) para mantener “24 horas de luz solar” en el espacio. Eso las pondría en un mismo plano, pasando cerca unas de otras y cruzando el cielo durante horas tras el atardecer y antes del amanecer. «El impacto en el cielo nocturno sería absolutamente catastrófico», afirmó.
Samantha Lawler (Universidad de Regina) y su equipo modelaron por computadora el efecto de varias flotas propuestas (incluidas SpaceX, Blue Origin y Cowboy Space). En sus visualizaciones, los satélites no solo superarían en brillo a las estrellas visibles, también las superarían en número. La banda cruzaría el cielo dos veces al día (entre 6 y 8 p.m. y antes del amanecer) y su efecto sería peor en invierno. Lawler advierte que el trabajo usa datos públicos y aún no pasó revisión por pares.
Entre los proyectos citados está Reflect Orbital, que quiere poner 50 000 espejos para reflejar luz solar hacia plantas solares tras el anochecer. La FCC otorgó el viernes 10 de julio la licencia para su primer satélite de demostración, Eärendil-1 (18 × 18 m), con lanzamiento previsto antes de fin de año. La American Astronomical Society criticó la decisión y alertó de daños potenciales a telescopios, deslumbramiento de pilotos y conductores, y hasta daño ocular permanente al mirar por un telescopio mediano.
✅ Si estos planes se materializan, el modelado sugiere menos ciencia por el mismo costo: Lawler dice que el brillo disperso podría afectar observaciones durante hasta dos horas, y comprometer casos como la búsqueda de asteroides cercanos a la Tierra. Límite clave: varias proyecciones dependen de datos públicos y no revisados por pares, y el brillo real variaría según el número final y las características técnicas de los satélites y espejos.



