🔬 Las tutorías uno a uno por teléfono elevaron de forma notable las puntuaciones en pruebas de competencia numérica entre estudiantes de países de renta baja y media que sufren emergencias capaces de interrumpir las clases. El hallazgo es del equipo de Angrist, publicado en Nature con datos de cinco países, y lo comenta Felipe Barrera-Osorio (Vanderbilt University).
El punto de partida ya era frágil. Las pruebas de rendimiento muestran que los niveles de aprendizaje son bajos en todo el mundo, y sobre todo en los países de renta baja. Encima llegan los cierres de escuelas: temporales extremos, desastres naturales, huelgas de docentes o periodos de vacaciones dejan a los niños fuera del aula durante semanas.
La pandemia de COVID-19 llevó ese escenario al límite. Muchos sistemas educativos cerraron sus escuelas durante periodos largos y recurrieron a la enseñanza a distancia casi a ciegas: hay pocos datos sobre qué políticas reducen —o revierten— la pérdida de aprendizaje. Barrera-Osorio considera convincentes los indicios que aportan Angrist y su equipo: el teléfono puede sostener el estudio mientras la escuela permanece cerrada.
✅ Los cierres no son una rareza. Se repiten con cada temporal, cada huelga y cada emergencia, y su coste se acumula sobre alumnos que ya aprendían poco. Una estrategia que funciona en cinco países a la vez ofrece a los ministerios algo que hoy escasea: una respuesta con datos detrás para el próximo cierre. El límite: este texto es un comentario sobre el estudio y no detalla cuánto subieron las puntuaciones ni si la mejora aguanta una vez reabiertas las aulas. Tampoco sabemos si el efecto se sostiene fuera de los contextos estudiados.



