🔬 Un estudio financiado por la NASA y publicado en Science el 4 de junio muestra que, en la última década, los incendios forestales empeoraron el ozono a nivel del suelo en buena parte de Estados Unidos. A escala nacional, el humo borró casi cuatro años de avances en el control de este contaminante invisible.
El humo se asocia con el hollín y las partículas que enturbian el aire. Pero los incendios también liberan gases como el monóxido de carbono, que ayuda a formar ozono superficial bajo la luz solar cuando hay otros contaminantes. Ese ozono irrita los pulmones, agrava el asma y daña los cultivos. Y viaja: las reacciones pueden elevar el ozono a cientos o miles de kilómetros de las llamas.
Para medirlo, el equipo recurrió al aprendizaje profundo. Construyó un conjunto de datos inédito que estima el ozono diario de 2003 a 2024 en una cuadrícula de un kilómetro de lado para todo el país. Combinó unas 1 000 estaciones de calidad del aire con modelos atmosféricos, datos meteorológicos y observaciones satelitales de los instrumentos VIIRS y MODIS.
El análisis reveló dos etapas. Entre 2003 y 2015, el ozono bajó al reducirse las emisiones contaminantes. Después de 2015, esa mejora se frenó o se invirtió en muchas zonas. En el Medio Oeste, los incendios borraron unos 5,3 años de progreso. «La gente puede creer que un fuego lejano no le afecta», señala Jun Wang, autor principal y científico de la Universidad de Iowa. «Pero la contaminación de un lugar puede afectar el aire de otro».
✅ El humo no solo enturbia el aire: también suma muertes. El estudio estima 318 muertes prematuras más al año tras 2013 ligadas a la exposición prolongada a este ozono, un 46 % por encima de la década previa. Entre 2022 y 2024, los incendios expusieron a 43 millones de personas más a un aire que incumple los límites federales. El límite: son estimaciones basadas en modelos y densidad de población, no recuentos directos, y la relación es estadística, no una causa probada caso por caso.



