🔬 El hielo marino del Ártico alcanzó su extensión mínima anual el 12 de septiembre: unos 4,6 millones de km². Así lo informan la NASA y el Centro Nacional de Datos de Nieve y Hielo (NSIDC) de la Universidad de Colorado en Boulder. La cifra empata con 2008, 2010 y 2025 como el décimo mínimo más bajo del registro satelital.
El dato encaja con lo que muestra ese registro. Los últimos 20 años, de 2007 a 2026, acumulan los 20 mínimos más bajos observados desde que empezaron las mediciones continuas por satélite, a finales de 1978. Cada año, el hielo crece durante el otoño y el invierno, oscuros y fríos, y retrocede cuando suben las temperaturas en primavera y verano. Suele tocar fondo en septiembre.
El tiempo meteorológico pesa mucho en cuánto hielo se funde de un verano a otro. Linette Boisvert, del Centro Goddard de la NASA, explica que en la última década más nubes han impedido que la radiación solar acelere aún más el deshielo. Eso ha ayudado a mantener estable la extensión de septiembre en los últimos años. «Nos hemos estancado, pero seguimos bajos respecto a la primera parte del registro», resume Walt Meier, investigador sénior del NSIDC.
En el otro extremo del planeta, el hielo antártico se acerca a su máximo anual tras un vaivén en agosto: perdió unos 300 000 km² en seis días antes de retomar su crecimiento. Meier lo asocia con condiciones meteorológicas que empujaron y compactaron el hielo fino y móvil del borde exterior. «Esas cosas pasan todo el tiempo, pero la magnitud sí es inusual», dijo. El hielo antártico varía más de un año a otro porque, a diferencia del Ártico, no está rodeado de tierra y responde con más libertad al viento. Aun así, su máximo anual ha sido en general más bajo en los últimos años.
✅ Estancarse no es recuperarse: el Ártico sigue bajo frente a los primeros años de un registro de casi cinco décadas, que arrancó con el satélite Nimbus-7 y hoy continúa con el sensor AMSR2 del satélite GCOM-W de JAXA. El límite: la estabilidad reciente se debe en parte a la nubosidad, y en la Antártida la gran variabilidad impide, según Boisvert y Meier, hablar aún de una tendencia a largo plazo. La NASA y el NSIDC anunciarán el máximo antártico cuando confirmen que terminó el crecimiento estacional.


