🔬 El equipo de Beryl Rappaport (Universidad de Syracuse) descubrió en el Parque Nacional Volcánico Lassen, en California, una ameba que crece y se divide a temperaturas de hasta 63 °C. Se llama Incendiamoeba cascadensis y fija un récord: hasta ahora no se conocían células complejas capaces de replicarse por encima de 60 °C.
Las amebas son organismos unicelulares que avanzan tirando de sí mismas con prolongaciones de fluido celular. Son eucariotas: guardan su ADN dentro de un núcleo rodeado de membrana. No son plantas, animales ni hongos, pero resultan más complejas que bacterias y arqueas, que carecen de núcleo.
El equipo tomó muestras junto a un afluente de Hot Springs Creek, dentro del parque. La nueva especie, la «ameba de fuego de las Cascadas», prospera entre 55 y 57 °C y deja de crecer por debajo de 42 °C. Necesita calor para vivir. Con un microscopio calefactado, los investigadores la vieron dividirse a 63 °C. A 70 °C, las células se encerraron en cápsulas protectoras y entraron en letargo. Tras cinco minutos a esa temperatura, se recuperaron al bajar a 60 °C. A 80 °C no sobrevivieron.
«Tuvimos que volver a comprobar que las incubadoras estaban bien calibradas», contó Rappaport a Live Science. El estudio se publicó el 22 de septiembre en Cell.
Sus proteínas llevan en la superficie aminoácidos con carga positiva, un rasgo que también tienen los procariotas amantes del calor. Según los autores, esto podría ayudar a mantenerlas estables a altas temperaturas.
✅ Aun así, la ameba queda muy por detrás de algunas bacterias, que aguantan hasta 122 °C. Tampoco se sabe qué impide a los eucariotas tolerar más calor. Debashish Bhattacharya (Universidad Rutgers), que no participó en el estudio, explica que una bacteria puede «reorganizar su genoma» captando ADN de otros procariotas. En los eucariotas, con el ADN encerrado en el núcleo, «hace falta muchísimo más cambio evolutivo» para convertirse en extremófilo. Un límite: el papel de las proteínas con carga positiva sigue siendo una hipótesis. Rappaport estudiará a los parientes más cercanos de Incendiamoeba para saber cómo evolucionó su resistencia al calor. Esa respuesta podría ayudar a trazar los límites de la vida en la Tierra y a buscar dónde más podría existir vida compleja en el universo.



