🔬 El Observatorio Europeo Austral (ESO) presentó el 28 de julio la imagen más nítida hasta ahora de una estrella tenue que orbita muy cerca de Betelgeuse, el astro rojizo del hombro de Orión. El trabajo, publicado en Astronomy & Astrophysics, apunta a que la supergigante roja nunca viajó sola.
Betelgeuse se hincha y encoge en un ciclo de 400 días, según NASA, y su brillo sube y baja con ese pulso. Pero hay otro patrón, más lento, que se repite cada seis años. Durante décadas nadie logró explicarlo.
Dos equipos independientes atacaron el enigma: uno dirigido por el astrofísico Morgan MacLeod (Universidad de Harvard), otro por Jared Goldberg (City University of New York). Ambos modelaron ese bamboleo largo con décadas de datos de brillo y velocidad, y llegaron a la misma respuesta: una compañera oculta, tan pegada a la superficie hinchada de Betelgeuse que casi no se puede ver. Sus cálculos señalaban un momento propicio, diciembre de 2024, cuando esa estrella se alejaría lo suficiente para dejarse fotografiar.
Ese mes, un equipo de Miguel Montargès (Observatorio de París) apuntó el Very Large Telescope del ESO hacia Orión. Tras meses de peinar los datos apareció la candidata, apodada Betelgeuse B. Y trajo una sorpresa: pesa dos o tres veces más que el Sol, no una como se suponía, así que brilla más y resulta más fácil de detectar. «Descubrir una compañera cercana, más masiva y brillante que el Sol, alrededor de una estrella tan estudiada es notable», dijo Montargès en un comunicado del ESO.
✅ Betelgeuse vive su etapa final y terminará como supernova, aunque fijar cuándo resulta difícil, admite Montargès. Si la compañera se confirma, tocará revisar cómo evoluciona la supergigante: la pregunta abierta es si ese astro vecino influye en su destino. El límite pesa: hace falta una imagen más, dentro de un año y al otro lado de la estrella, para despejar las dudas que quedan.



