🔬 Un equipo del MIT detectó un cuásar que se atenúa y brilla de forma extrema a 12 900 millones de años de distancia, unos 900 millones de años después del Big Bang. Su luz cambia cerca de un 20 %, equivalente a 2 billones de veces el brillo del Sol.
Los cuásares son agujeros negros supermasivos muy activos en el centro de algunas galaxias. Crecen al alimentarse de gas; ese gas se calienta al girar cerca del horizonte de sucesos y brilla con enorme fuerza. En este caso, el cuásar emite energía equivalente a 12 billones de soles.
Gene Leung y Anna-Christina Eilers, del MIT, lideraron el hallazgo tras revisar datos de NEOWISE, una misión de NASA que escaneó todo el cielo durante unos 14 años. Esa serie larga ayudó porque la expansión del universo estiró la luz del cuásar hacia longitudes de onda más rojas y también alargó sus cambios: parpadeos que pudieron durar días allí nos llegan como variaciones de meses.
El equipo vio que el cuásar cambiaba sin un patrón fijo, «como la llama de una vela». Al mirar esas variaciones en distintas longitudes de onda, dedujo que el gas formaba un disco de acreción muy plano, como una tortita. Para un cuásar tan joven, eso sorprende: los autores esperaban una nube de gas más gruesa y caótica, propia de una etapa temprana.
✅ El resultado apunta a que las fases más rápidas y desordenadas de crecimiento de algunos agujeros negros supermasivos ocurrieron antes de que los veamos como cuásares muy brillantes. El límite es clave: es un caso concreto y el artículo lo presenta como parte de una teoría emergente. Leung y Eilers quieren buscar cuásares aún más antiguos, quizá con el JWST, para captar qué los hizo madurar tan rápido.



