🔬 Arqueólogos hallaron en Kubán, al sur de Rusia, la tumba de un guerrero de élite de hace unos 2 000 años. Dos monedas de oro sitúan el entierro a comienzos del siglo I a. C. Los objetos y un posible sacrificio humano apuntan a creencias meotas con influencias griegas.
La tumba ocupaba el centro de una necrópolis con más de 150 sepulturas a su alrededor. Esa posición sugiere que el hombre pertenecía a la élite del pueblo meota, según el estudio publicado en septiembre en Russian Archaeology. Lo enterraron con dos puntas de lanza, una punta de flecha de hierro, equipo de montar y su caballo sacrificado. También llevaba un pequeño recipiente de vidrio para aceite o perfumes, quizá importado de Chipre o del Levante mediterráneo.
Las monedas muestran retratos de Alejandro Magno, aunque fueron acuñadas durante el reinado posterior de Mitrídates Eupátor. Una apareció bajo la mandíbula del guerrero: los investigadores interpretan que estuvo en su boca como pago al mítico barquero de los muertos. La otra estaba en un pozo ritual cercano, quizá como ofrenda a los dioses. Una copa de arcilla con dos asas llevaba un pentagrama grabado, que el equipo interpreta como protección espiritual contra amenazas mágicas.
Un conjunto funerario vecino contenía restos de tres caballos, dos bovinos, un cerdo, un perro y un fragmento de pelvis humana. Este último sugiere que pudo haber una persona sacrificada. Los autores proponen distintos fines para los animales: monturas, alimento o guía en el más allá. El papel de la persona se desconoce; quizá debía servir al guerrero.
✅ El ajuar ayuda a explorar cómo los meotas incorporaron tradiciones griegas del vecino reino del Bósforo a sus ritos funerarios. El posible sacrificio humano y el sentido protector de la copa son interpretaciones del equipo; los restos no permiten dar por seguro el papel de la persona.



