🔬 Los restos de un hombre que murió en sus 20 años dentro del castillo de Stirling, Escocia, muestran 167 fracturas ocurridas cerca de su muerte. Jo Buckberry, de la Universidad de Bradford, plantea que un proyectil de una máquina de asedio pudo matarlo hacia 1300, durante la Primera Guerra de Independencia escocesa.
El esqueleto, llamado «Skeleton 150», apareció bajo la capilla real junto a otros siete entierros medievales. Los ocho mostraban heridas infligidas cerca de la muerte, pero este hombre concentraba daños extremos: 61 fracturas en el cráneo, 57 en las costillas y otras en vértebras, brazos y hombro derecho.
El equipo estudió cada fractura con microtomografía computarizada y escaneo 3D. Las roturas, sobre todo en la mitad superior del cuerpo, seguían un patrón en zigzag. La datación por carbono 14 sitúa el entierro cerca de 1300. Los autores creen que el impacto de un proyectil de alta velocidad explica mejor el daño; el hombre habría estado de pie y de espaldas al golpe.
En 1304, Eduardo I sitió el castillo con hasta una docena de máquinas de asedio. Entre ellas estaba el «Lobo de Guerra», una enorme catapulta que, según registros históricos, lanzó un proyectil a través de dos muros. Buckberry considera más probable una máquina similar, aunque no puede atribuir la muerte al «Lobo de Guerra» con certeza.
✅ El caso podría aportar la evidencia más antigua conocida de una muerte por catapulta de asedio y permite revisar daños que antes se creían ocurridos tras la muerte. El límite clave es que la hipótesis procede de un solo esqueleto y de patrones de fractura: no identifica el arma exacta ni prueba que fuera el «Lobo de Guerra».



