🔬 Hace unos 2 000 años, en el extremo norte de Escocia, alguien retiró el cerebro de una mujer y talló sus huesos hasta darles forma de herramienta. Un nuevo análisis de los esqueletos, publicado en Antiquity, revela un ritual funerario inusual que apunta a la veneración de un ancestro y, quizá, al canibalismo.
Los restos aparecieron en un túmulo de piedra cerca del lago Loch Borralie. Se excavaron en el año 2000, después de que unos vecinos avisaran de huesos humanos removidos del suelo por conejos. El túmulo guardaba los esqueletos parciales de una adulta y un adolescente, enterrados entre el siglo I a. C. y el siglo I d. C., en la Edad del Hierro.
La mujer, llamada «Individuo 1», superaba los 30 años al morir. La base de su cráneo tenía una fractura extraña y, por dentro, incisiones hechas con una herramienta afilada. Para el equipo de Laura Castells Navarro (Universidad de York), ambas marcas indican que le retiraron el cerebro poco después de morir: para un acto de canibalismo o para limpiar y conservar el cráneo.
Cuatro huesos —tres de los brazos y uno de una pierna— estaban trabajados, no roídos por animales. Sus capas internas se habían afilado hasta formar un borde cortante y una punta. Aun así, alguien los devolvió a la tumba en su posición anatómica correcta. El otro esqueleto, un chico de unos 15 años, no fue manipulado. El ADN antiguo sugiere que ambos eran primos segundos.
✅ El ADN también conectó a estos dos individuos con personas enterradas en otros yacimientos escoceses, incluidas las remotas islas Orcadas. Para los autores, comunidades marítimas se desplazaban por la costa norte en grupos pequeños y mantenían redes sociales a larga distancia. El límite: un solo enterramiento da pistas, no certezas, y la motivación del ritual resulta muy difícil de interpretar.



