🔬 El equipo de Mount Sinai identificó en Nature dos proteínas que fabrica el propio cáncer de páncreas, PAI1 y PAI2, y que crean nichos de fibrina donde los macrófagos quedan retenidos y los linfocitos asesinos no entran. Al borrar sus genes en ratones, los tumores crecieron menos y empezaron a responder al anti-PD-1.
El adenocarcinoma ductal de páncreas es de los más letales: sobreviven cinco años solo el 13 % de los pacientes. La inmunoterapia, que ha cambiado el pronóstico de otros tumores, aquí apenas funciona. Se culpaba a una matriz densa que estorba el paso de los linfocitos T, pero faltaba saber si la resistencia es una propiedad del tumor entero o se organiza por barrios.
Para averiguarlo, el equipo apagó 34 genes de factores que las células tumorales sueltan al exterior, marcó cada célula con un código de proteínas y siguió más de 4,5 millones de células en 20 ratones a los 7, 14 y 21 días. El mapa mostró algo llamativo: el vecindario inmune se reorganiza antes de que unos clones se impongan sobre otros. Dos genes destacaron, Serpine1 y Serpinb2, que codifican PAI1 y PAI2 y frenan la degradación de la fibrina.
Sin esos genes, la carga tumoral bajó más de la mitad, los CD8 dentro del tumor se duplicaron y los macrófagos cayeron hasta un 80 %. Combinar esa pérdida con anti-PD-1 llevó la supervivencia mediana de 24 a 47 días. Un inhibidor de PAI1 (PAI-039) y el bloqueo del receptor CD18 —el gancho con que el macrófago se agarra a la fibrina— repitieron el efecto. En muestras de 30 pacientes, los nichos con macrófagos SPP1+/MARCO+ rodeaban a las escasas células tumorales que expresan estas serpinas. Y en ratones bastó sembrar un 5 % de células con serpinas para apagar de nuevo la respuesta local.
✅ Si el eje serpina–fibrina–macrófago se sostiene, ofrece una diana para ablandar el escudo del páncreas antes de dar inmunoterapia, y ya hay fármacos que golpean PAI1. Los límites pesan: casi todo el trabajo es en ratones y ningún paciente recibió el tratamiento. Los autores solo tocaron las células tumorales, así que no cubren las serpinas del estroma; tampoco midieron la actividad fibrinolítica de forma directa. En humanos, por ahora, la relación es una asociación espacial.
⚕️ No es consejo médico.


