🔬 Un equipo de astrónomos con Federico Sestito, Universidad de Hertfordshire, identificó 20 estrellas viejas y pobres en metales que podrían venir de una galaxia enana llamada Loki. Sus órbitas y huellas químicas apuntan a un pequeño sistema que la Vía Láctea habría absorbido mientras crecía.
Nuestra galaxia no nació de golpe. Según el artículo, la Vía Láctea creció durante miles de millones de años al incorporar galaxias enanas. Las estrellas que quedaron de esos sistemas aún comparten rasgos, y los astrónomos las usan para rastrear de dónde vienen.
El estudio, publicado en Monthly Notices of the Royal Astronomical Society, se apoya en trabajos previos de Sestito. Antes ya conocían estrellas viejas con movimientos peculiares; ahora sumaron datos químicos. Esas 20 estrellas son pobres en metales, un rasgo de estrellas muy antiguas, pero eso no bastaba: el equipo también comparó su lugar en la galaxia y sus órbitas.
Lo raro es dónde están. Sus movimientos las mantienen cerca del disco de la Vía Láctea, una zona que suele estar poblada por estrellas más jóvenes y ricas en metales. Con espectroscopía de alta resolución, órbitas y simulaciones, el equipo vio señales químicas compatibles con supernovas de alta energía, hipernovas, estrellas masivas de giro rápido y fusiones de estrellas de neutrones. No halló indicios de explosiones de enanas blancas, algo que los autores vinculan con una galaxia enana energética y de vida corta.
✅ Si Loki existió, sus restos ayudarían a reconstruir cómo se armó la Vía Láctea y de dónde vienen algunos elementos. El límite es claro: la muestra incluye solo 20 estrellas, y Sestito dice que harán falta instalaciones espectroscópicas capaces de obtener datos químicos de miles de estrellas para entender mejor estos bloques antiguos de nuestra galaxia.
Fuente: space.com



