🔬 Un grupo de autores propone que los tratados ambientales incorporen la salud mental en sus metas, seguimiento y rendición de cuentas. Sostienen que los convenios sobre sustancias tóxicas ofrecen el vínculo más directo, mientras que clima, biodiversidad y desastres actúan por vías más indirectas.
Los autores revisaron tratados de seis ámbitos: sustancias y residuos, biodiversidad, clima y tierra, protección atmosférica, reducción del riesgo de desastres y derechos humanos. Evaluaron sus objetivos, posibles vínculos con la salud mental, opciones de medición, desarrollo institucional y grado de aplicación. Con ello, los agruparon en tres niveles y un eje transversal de derechos.
El primer nivel reúne los acuerdos sobre mercurio, contaminantes orgánicos persistentes, pesticidas y residuos peligrosos. Reducir estas exposiciones puede proteger el desarrollo cerebral infantil; además, restringir pesticidas reduce el acceso a medios letales de autointoxicación. El segundo nivel abarca los acuerdos de Río y el Marco de Sendai: cambio climático, sequía, degradación de la tierra, pérdida de biodiversidad y desastres se asocian con estrés crónico, inseguridad alimentaria, desplazamiento y pérdida de medios de vida.
✅ Integrar indicadores compartidos, incentivos financieros y mecanismos de rendición de cuentas permitiría valorar la salud mental al aplicar políticas ambientales. El límite es claro: muchos resultados ya se registran, pero no se vinculan de forma habitual a los tratados y, en varios casos, resulta difícil atribuirlos a un convenio concreto.
⚕️ No es consejo médico.



