Lilli Zabrana y Caroline Partiot, de la Academia Austriaca de Ciencias, analizaron una tumba de hace unos 1 200 años cerca del Templo de Artemisa, en Turquía. Contenía dos bebés prematuros enterrados juntos, probablemente gemelos; uno tenía una costilla cervical adicional.
La tumba de piedra se instaló en el canal de una letrina abandonada, dentro del área sagrada del templo. Los esqueletos estaban uno junto al otro. Por el tamaño de sus huesos, el equipo estima que murieron hacia las semanas 33 o 34 de gestación, alrededor de los siete meses y medio.
Los autores proponen que eran gemelos por su edad similar al morir y por el contacto directo entre ambos cuerpos. Solo futuros análisis de ADN podrán confirmarlo. No hallaron señales de trauma ni enfermedad en los huesos, pero uno presentaba una costilla cervical supernumeraria: un rasgo hereditario que aparece detrás del cuello.
El estudio, publicado el 13 de julio en Childhood in the Past, plantea que el lugar inusual pudo ser un acuerdo práctico entre las normas cristianas de entierro y las costumbres locales. Los bebés quizá no habían sido bautizados. La tumba protegió sus restos durante más de un milenio, lo que apunta a un entierro respetuoso.
✅ El hallazgo permite ver cómo una familia pudo cuidar a dos bebés fallecidos dentro de su comunidad. Pero que fueran gemelos sigue siendo una hipótesis, y la relación entre la costilla adicional y alteraciones genéticas no se comprobó en estos restos.



