🔬 Un informe de Naciones Unidas estima que la energía para inteligencia artificial podría llegar al 3 % de la demanda eléctrica global en 2030. Live Science entrevistó a Kaveh Madani, investigador principal del reporte, quien advierte que cada prompt depende de centros de datos, minerales, agua, suelo y gestión de residuos.
Aunque la IA suele verse como algo «en la nube», Madani subraya que su ciclo empieza en la extracción de minerales críticos, sigue con el hardware y los centros de datos, y termina con residuos electrónicos. El informe calcula que, si los centros de datos fueran un país, hoy ocuparían el puesto 11 por uso de energía.
Para 2030, esos centros podrían subir al sexto lugar mundial en consumo energético. Su huella de agua sería comparable a las necesidades domésticas anuales de 1 300 millones de personas en África subsahariana; su uso de suelo podría igualar el tamaño de Connecticut, y sus emisiones podrían acercarse a las del Reino Unido en 2025, según la mezcla renovable.
Madani también señala una brecha: las comunidades y países ricos ganan más con la expansión de la IA, mientras regiones pobres ligadas a minerales críticos o zonas con estrés hídrico pueden cargar con contaminación, degradación del suelo y menos agua disponible. Propone más transparencia, monitoreo, reglas, incentivos o impuestos a la contaminación, desde las minas hasta el vertedero.
✅ La pregunta práctica no es si la IA debe existir, sino cuándo vale la pena usarla. Generar otra imagen, video o activar un modo de «razonamiento» también suma demanda detrás de escena. El límite clave: las cifras son proyecciones; Madani dice que podrían ser conservadoras, pero dependen de cuánto crezcan los centros de datos y de qué energía los alimente.



