🔬 El equipo de Brand comparó especies de moscas adaptadas a distintos frutos y halló que el olor del alimento puede activar el cortejo. En una especie de Drosophila, los machos necesitan esa señal para iniciarlo. El resultado vincula el entorno alimentario con los circuitos cerebrales del apareamiento.
La especie descrita prospera en un fruto concreto. El estudio, publicado en Nature, muestra que el olor del alimento actúa sobre circuitos definidos del cerebro que intervienen en el apareamiento.
Las moscas combinan esa pista alimentaria con señales de su entorno social. El trabajo apunta a que ambos tipos de señales contribuyen a preparar a los machos para el cortejo.
✅ El hallazgo ayuda a entender cómo el entorno alimentario influye en el comportamiento sexual de estas moscas. Su alcance corresponde a insectos: en humanos aún no está claro cómo los olores impulsan la atracción sexual.



