🔬 Joseph Young, entonces en la Universidad de Alberta, y sus colegas identificaron una nueva clase de deslizamientos en Canadá. Dos enormes derrumbes desplazaron permafrost: suelo congelado durante al menos dos años seguidos. El estudio sugiere que incendios antiguos y veranos extremos pueden facilitar que el permafrost se descongele desde abajo y se desprenda.
El equipo estudió dos deslizamientos en los Territorios del Noroeste. El de 2018 movilizó 18 millones de metros cúbicos de tierra y bloqueó el río Redstone. Otro, ocurrido en 2017, desplazó 4,5 millones de metros cúbicos. Ambos comenzaron sobre superficies situadas a unos 20 metros de profundidad, en la base del permafrost. Las imágenes de satélite mostraron que el terreno llevaba décadas desplazándose varios metros por año.
Entre 2020 y 2022 midieron temperaturas del suelo en bosques intactos y zonas quemadas unos 25 años antes. Después usaron esos datos en simulaciones para reconstruir las décadas posteriores al fuego. El trabajo se publicó en Geophysical Research Letters.
Los modelos sugieren que el fuego y el calor extremo del verano pueden debilitar la superficie congelada. El terreno empieza a deslizarse y se agrieta. Por esas grietas puede entrar agua hasta debajo del permafrost, descongelarlo desde abajo y favorecer que la capa se desprenda. En los lugares estudiados, grandes bloques aún congelados habían recorrido cientos de metros.
✅ Este mecanismo podría desencadenar grandes derrumbes donde el permafrost sea cálido y poco espeso, tras un episodio de calentamiento rápido. Más de 150 deslizamientos adicionales de la región podrían encajar en esta clase, según imágenes de satélite. El análisis detallado abarcó dos casos; el mecanismo propuesto se apoya en modelos.



