🔬 Un estudio publicado en Nature Sustainability revisó más de 550 000 embalses y halló que casi uno de cada cinco enfrenta alto riesgo de llenarse de sedimentos. Sin medidas, sus autores proyectan que más de la mitad podría quedar sin operación funcional en 2060, lo que pone en riesgo el agua y cultivos.
La lluvia arrastra suelo, limo y rocas hacia los ríos. Tras una presa, ese material queda retenido en el embalse y ocupa el espacio destinado al agua. El trabajo estima que la capacidad mundial de almacenamiento cae un 7,3 % por década. Identificó 16 focos de alto riesgo, que amenazan el suministro de agua para más de 2 000 millones de personas y más de una cuarta parte de la tierra irrigada mundial.
Norteamérica tiene el segundo mayor número de embalses, detrás de Asia, y pierde capacidad a un ritmo del 7,8 % por década. El oeste de Estados Unidos figura entre los focos: sus pendientes llevan más sedimento a las cuencas. En California, más de la mitad de los pequeños embalses de zonas productoras de maíz se llenan a un ritmo superior al 10 % anual.
✅ El problema no solo resta agua almacenada: los sedimentos ejercen más fuerza sobre los muros que el agua y pueden afectar a quienes viven cerca o aguas abajo. Los autores alertan de que sequías, incendios y otros episodios extremos podrían agravarlo. La proyección depende de que no haya intervención; conservar el suelo aguas arriba, retirar presas o adaptar infraestructuras puede reducir el riesgo, aunque estas opciones pueden ser costosas y el sedimento liberado también puede alterar ecosistemas río abajo.


