🔬 Un equipo que siguió a 714 pares de madres y bebés en Países Bajos halló que el intestino materno es una fuente importante de cepas para el bebé. El parto y la alimentación marcaron con más fuerza el microbioma infantil, y la diversidad materna se asoció con eccema durante el primer año.
Los autores secuenciaron 4 526 muestras fecales recogidas a lo largo del tiempo y las cruzaron con 474 variables clínicas y de exposición. También analizaron, en un subconjunto, los microbiomas vaginal y de la leche materna. El microbioma intestinal de las madres cambió poco durante el embarazo y el posparto; la dieta, las infecciones y el tabaquismo previo al embarazo se vincularon con sus diferencias.
El intestino materno aportó muchas de las cepas que llegaron al bebé, mientras que la transmisión desde la vagina y la leche fue ocasional. La proporción mediana de especies infantiles compartidas con la madre pasó de 65 % a las dos semanas y al mes a 25 % a los 12 meses.
El modo de parto y la alimentación fueron los factores biológicos que más se asociaron con el microbioma infantil y sus perfiles funcionales. Los perfiles taxonómicos maternos al nacer predijeron eccema infantil con un área bajo la curva de 0,74.
✅ El trabajo integra factores que suelen estudiarse por separado y apunta al intestino materno como reserva de cepas para el bebé. Pero estudió una cohorte de Países Bajos, las asociaciones no prueban causalidad y el vínculo con eccema necesita replicarse en poblaciones diversas.
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