🔬 Una mujer de 50 años en Nueva York recibió un diagnóstico de síndrome de la persona rígida tras cinco años de molestias. La rigidez había avanzado hasta impedirle caminar o incorporarse. El caso ilustra lo difícil que resulta reconocer este raro trastorno autoinmune, que afecta el control muscular.
Las molestias comenzaron en las rodillas y la espalda. Con el tiempo, la pierna derecha perdió flexibilidad, alteró su equilibrio y provocó caídas frecuentes. El ibuprofeno y la fisioterapia no aliviaron el dolor ni la rigidez. También presentó fiebre, escalofríos y una pérdida de peso de más de 14 kilogramos. Un mes después de una primera visita hospitalaria, ya no podía levantarse de la cama ni girarse hacia los lados.
Los médicos detectaron niveles altos de anticuerpos contra la enzima GAD, un hallazgo presente en hasta el 80 % de los afectados. Estos anticuerpos bloquean la enzima que produce GABA, un mensajero que actúa como freno de la actividad nerviosa. Cuando falta ese freno, los nervios que controlan los músculos pueden volverse demasiado activos y generar espasmos. Los análisis, junto con los síntomas y su evolución, llevaron al diagnóstico.
El equipo combinó inmunoglobulina intravenosa y rituximab, tratamientos que regulan la respuesta inmunitaria, con prednisona, gabapentina, diazepam y fisioterapia. La paciente mejoró en pocos días. A los tres meses del alta, podía mantenerse de pie sin ayuda y caminar con un andador. Los médicos comenzaron a reducir la dosis de corticoides, pero mantuvieron los demás fármacos.
✅ Reconocer este trastorno puede permitir tratar síntomas que llegan a impedir caminar; su rareza y avance lento dificultan el diagnóstico. El caso describe una mejoría en una sola paciente con varios tratamientos a la vez: no permite atribuir el resultado a uno solo. El síndrome aún no tiene cura y sus mecanismos no se conocen por completo.
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