🔬 La cachexia — un síndrome asociado al cáncer que reduce el apetito y desgasta músculo — afecta a entre 50 % y 80 % de las personas con cáncer, según el tipo de tumor y la fase. Nature recoge cómo esta condición se estudia cada vez más como un problema propio, y cómo varias líneas de investigación y fármacos en prueba buscan frenarla.
La historia de Dave Kochanczyk, diagnosticado con cáncer de páncreas en 2010, ilustra el impacto: con los años perdió masa muscular, se debilitó y se fatigó, pese a que su gusto por la comida seguía. Su hijo Martin, hoy activista en la Cancer Cachexia Society, insiste en que no fue un caso raro.
Más allá de la calidad de vida, la cachexia influye en la supervivencia: el agotamiento, la desesperanza y otros síntomas psicológicos pueden reducir las ganas de seguir tratamientos. En casos graves, algunas terapias se vuelven intolerables o la persona queda fuera de ensayos clínicos. El artículo afirma que entre 20 % y 30 % de las muertes asociadas al cáncer se atribuyen a la cachexia, más que al cáncer en sí.
En 2020, Cancer Grand Challenges financió con £20 millones ($US25 millones) al proyecto internacional CANCAN (16 grupos en 14 instituciones) para estudiar impulsores, subtipos y posibles tratamientos. En su quinto año, el consorcio ya publicó cerca de 30 artículos. En paralelo, varias empresas, incluida Pfizer, prueban medicamentos. En Japón está disponible el estimulante del apetito anamorelin, pero FDA y EMA consideraron insuficientes los datos para aprobarlo.
✅ Si se logra tratar la cachexia, podría mejorar la tolerancia a terapias y la participación en ensayos, además de la vida diaria. El límite clave: no hay fármacos aprobados en la mayor parte del mundo y, según el artículo, ni comer más ni la alimentación por sonda resuelven el problema por sí solos. ⚕️ No es consejo médico.



