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Neurociencia: mapean las 166 000 neuronas de la mosca macho

Un equipo del campus Janelia (Instituto Médico Howard Hughes) publicó el mapa de todas las neuronas del sistema nervioso central de la mosca de la fruta…

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3 de septiembre de 2026
Neurociencia: mapean las 166 000 neuronas de la mosca macho

🔬 Un equipo del campus Janelia (Instituto Médico Howard Hughes) publicó el mapa de todas las neuronas del sistema nervioso central de la mosca de la fruta macho: más de 166 000 células y los millones de conexiones entre ellas. Se suma al mapa del cerebro femenino, presentado en 2024 con unas 140 000 neuronas.

El cerebro de una mosca cabe en el tamaño de una semilla de amapola. Ese paquete diminuto guarda más de 100 000 neuronas. Los diagramas de cableado — llamados conectomas — permiten ahora comparar ambos sexos y buscar qué circuitos explican sus conductas distintas al aparearse o al pelear. «Es la primera vez que podemos comparar los dos sexos de un animal con comportamiento social complejo», dijo Gerry Rubin, jefe de biología en Janelia.

El mapa apareció primero como preprint y se publicó el jueves 3 de septiembre en Cell y Current Biology, junto con otros tres estudios que ya usan los datos. Uno rastreó los receptores del gusto — repartidos por patas, alas, piezas bucales y garganta — hasta el cerebro, y examinó cómo esos circuitos hablan con los que ordenan tragar o caminar. Otro halló que el procesamiento visual llega hondo: participa más de la mitad de los cerca de 11 000 tipos de neuronas del mapa. El tercero encontró una red exclusiva del macho que coordina el cortejo y la agresión; las hembras dan cabezazos, los machos se abalanzan.

✅ Los circuitos de sensación y movimiento resultan casi iguales en ambos sexos: la diferencia está en unos interruptores que desvían la señal hacia destinos distintos. Carlos Ribeiro, investigador de la Fundación Champalimaud (Lisboa), apunta a que esta arquitectura podría inspirar sistemas artificiales más eficientes y sirve de hoja de ruta para mapear cerebros de ratón o humanos. El límite: es un mapa anatómico, no una prueba de función — señala dónde mirar, no qué hace cada circuito. Los propios autores lo llaman «herramienta para generar hipótesis». Queda por comprobar en experimentos qué consecuencias tiene ese desvío de señales.


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