🔬 Un hombre de 61 años en Japón empezó a sentir que muchos alimentos sabían repugnantes, pese a llevar años con el mismo medicamento. Los médicos hallaron litio en sangre por encima del rango seguro y cambiaron el tratamiento. Al bajar el litio, el gusto volvió y la fatiga desapareció.
El cambio empezó dos meses antes de acudir al hospital. Primero le dieron asco los sabores ácidos y salados. Luego se sumaron comidas aceitosas, verduras frescas, agua fría, jugo, agua tibia y dulces. Comía menos, perdió algunos kilos sin querer y se sentía sin energía.
El paciente tenía trastorno bipolar y tomaba litio desde hacía tres años, con una dosis prescrita de 800 miligramos al día. Sus análisis mostraron 1,28 miliequivalentes por litro (mEq/L) de litio en sangre; el rango seguro citado por los médicos era de 0,6 a 1,2 mEq/L. Antes de los síntomas, sus registros marcaban entre 0,4 y 0,9 mEq/L.
Los médicos suspendieron el litio y recetaron valproato, otro estabilizador del estado de ánimo. A medida que bajó el litio, el paciente recuperó energía y los alimentos volvieron a tener sabor normal, en orden inverso al que habían cambiado. Un año después, seguía con valproato y los síntomas no habían vuelto.
✅ El caso sugiere que perder o cambiar el gusto puede avisar de una intoxicación leve por litio, un efecto poco conocido y descrito en pocos informes desde las décadas de 1970 y 1980. El límite es claro: es un solo paciente, y el informe no investigó por qué el litio se acumuló en su sangre.
⚕️ No es consejo médico.


