🔬 Una reseña en Nature presenta Beyond Belief, el libro de Helen Pearson sobre cómo los ensayos aleatorizados, los grupos de control y los metaanálisis ganaron terreno en salud y políticas públicas. El texto muestra casos donde juntar datos corrigió prácticas aceptadas, desde el sueño infantil hasta terapias y cirugías.
Hace 50 años, muchos médicos aconsejaban acostar a los bebés boca abajo, una idea difundida por Benjamin Spock y otros. La síntesis de observaciones y casos mostró después que dormir boca arriba reduce el riesgo de síndrome de muerte súbita infantil. Según la reseña, más de 50 000 muertes en Estados Unidos, Europa y Australasia podrían haberse evitado si esos datos se hubieran unido y usado antes.
El artículo repasa más ejemplos. Un ensayo de la Women’s Health Initiative de 2002 mostró que la terapia hormonal sustitutiva, prescrita para prevenir enfermedad cardiaca con base en estudios observacionales previos, aumentaba el riesgo de enfermedad cardiovascular y cáncer de mama. Una revisión de nueve ensayos aleatorizados halló que el programa Scared Straight, usado en muchos estados de EE. UU., hacía que sus participantes cometieran más delitos que el grupo de control.
Pearson también recoge casos previos al auge de los ensayos: médicos que evitaban antibióticos en sarampión temprano hasta que seis ensayos mostraron que prevenían complicaciones fatales, y artroscopias de rodilla que un ensayo de 2016 comparó con terapia de ejercicio sin hallar ventaja quirúrgica. La reseña subraya que aplicar evidencia chocó con juicio clínico, autonomía profesional y resistencia institucional.
✅ La medicina basada en evidencia importa porque ayuda a detectar cuándo una práctica querida no funciona, o incluso daña. El límite: la reseña también advierte que no toda medicina anterior a los ensayos fue fallida; penicilina, insulina y desfibrilación tuvieron efectos claros sin pruebas aleatorizadas estrictas. La lección no es reemplazar el criterio, sino probar mejor lo que creemos saber.
⚕️ No es consejo médico.



