🔬 Un estudio de ADN publicado en Science Advances analizó restos de 85 escitas de la Edad del Hierro, enterrados entre 900 y 200 a. C. en 20 sitios. El equipo halló que las élites estaban mucho más emparentadas entre sí, lo que sugiere dinastías familiares con poder heredado.
Los investigadores generaron genomas de 38 personas de élite y 47 no élite enterradas en kurganes, grandes túmulos de la estepa euroasiática. Las tumbas no élite eran más pequeñas y no tenían las armas llamativas ni los objetos de oro de las tumbas de élite.
El dato central: las personas de élite tenían 11 veces más probabilidad de estar emparentadas entre sí que con personas no élite. El equipo identificó dos pares de hermanos biológicos, un hermano y una hermana, un padre o madre con su hijo, y dos casos de abuelos con nietos enterrados en cementerios distintos.
El análisis también apuntó a un alto rango para las mujeres escitas. Ayshin Ghalichi, del Instituto Max Planck de Antropología Evolutiva, señaló que casi la mitad de los individuos de élite del conjunto eran mujeres. Además, el llamado «Hombre de Oro», un adolescente hallado en Kazajistán con más de 4 000 adornos de oro, resultó ser más probable genéticamente masculino que femenino, aunque no mostró parentesco con otros individuos analizados.
✅ Este trabajo ayuda a entender cómo surgió la desigualdad social entre grupos nómadas de Eurasia central. El límite es claro: el estudio se basa en 85 individuos y en ADN antiguo, con cobertura baja en al menos un caso clave. Los autores infieren poder heredado a partir de parentescos y ajuares funerarios, no de textos escitas propios, porque no dejaron registros escritos.

