🔬 La gravedad nos mantiene en el suelo y al Sol en el cielo, pero su fuerza exacta sigue sin quedar fijada con precisión. Live Science explica que desde los años 1980 hubo más de una docena de medidas para calcularla, y muchas se contradicen entre sí.
El gran obstáculo es que la gravedad entre dos objetos de laboratorio es muy débil. Stephan Schlamminger, físico del National Institute of Standards and Technology, dijo que esa señal debe medirse contra el campo gravitatorio de la Tierra. Por eso los equipos usan masas muy controladas, las acercan y miden la fuerza entre ellas.
En abril de 2026, Schlamminger y colegas repitieron un experimento de precisión con 13 toneladas de mercurio. Aun así, el cambio en el campo gravitatorio fue solo una millonésima parte del cambio local de gravedad. El valor obtenido fue 6,67387 × 10⁻¹¹ m³ kg⁻¹ s⁻², un 0,0235 % menor que el resultado previo.
¿Por qué no encajan las cifras? Schlamminger lo resume como PEP: física, ingeniería y psicología. La física nueva le parece remota. La ingeniería pesa más porque cada montaje usa balanzas de torsión, péndulos u objetos en caída libre, cada uno con errores propios. La psicología entra cuando la presión por publicar márgenes de error muy pequeños hace que los rangos no se solapen.
✅ Este problema importa porque una fuerza cotidiana aún desafía la medida fina. El límite es claro: el artículo no da un valor definitivo de la constante gravitatoria de Newton; explica por qué los experimentos discrepan. Para usos prácticos como lanzar cohetes, basta conocer el producto de G por la masa de la Tierra.



