Unas 100 billones de neutrinos atraviesan tu cuerpo cada segundo y, al nivel del mar, también lo hacen decenas o cientos de muones. Michael Pravica, de la Universidad de Nevada en Las Vegas, y Lu Lu, de la Universidad de Wisconsin-Madison, explican por qué casi todos pasan sin dejar rastro.
La mayoría de los neutrinos que nos cruzan nace en las reacciones de fusión del Sol, aunque algunos llegan desde otras galaxias. Casi no interactúan con la materia. Por eso, pese a su enorme número, se espera como mucho una interacción con tu cuerpo —quizá unas pocas— durante toda una vida.
Los rayos cósmicos, en cambio, son partículas cargadas y muy energéticas. La atmósfera frena la mayoría, pero sus choques generan lluvias de partículas secundarias. Entre ellas están los muones, más de 200 veces más masivos que un electrón: aproximadamente uno cruza cada centímetro cuadrado por minuto al nivel del mar.
Los científicos infieren el flujo de neutrinos al registrar la pequeña fracción que choca cerca de un detector. IceCube, en la Antártida, usa miles de sensores en un kilómetro cúbico de hielo para captar destellos azules producidos tras esas interacciones.
✅ Estas partículas permiten estudiar regiones ocultas alrededor de agujeros negros, estrellas que explotan y otros aceleradores cósmicos. Las cifras son estimaciones y varían con el tamaño del cuerpo, la altitud, la latitud y el blindaje. A nivel del suelo, los muones y otras partículas de rayos cósmicos no se consideran un riesgo importante para la salud.
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