El Fondo Nacional Suizo para la Ciencia usa sorteos entre proyectos que los revisores no pueden ordenar con fiabilidad cerca del corte de financiación. Desde 2022, los proyectos deben superar la revisión por pares; después, el azar resuelve solo los empates estadísticos.
El fondo calificaba cada solicitud de A a D según relevancia científica, viabilidad y trayectoria. Las propuestas más fuertes y más débiles se separaban con facilidad, pero muchas quedaban en una «nube de propuestas B». Para ordenarlas, los paneles añadían signos más y menos a diferencias que quizá no existían.
El nuevo modelo asigna a cada proyecto un rango posible, en vez de un puesto fijo. Si ese rango cruza la línea entre recibir fondos o no, entra en una zona gris y participa en el sorteo. Un estudio de 2018, en el que 43 revisores juzgaron las mismas 25 solicitudes, halló poco acuerdo entre ellos.
La práctica crece, aunque sigue siendo poco común. La British Academy del Reino Unido sorteó desde 2022 sus Small Research Grants entre las propuestas que superaban un umbral de calidad. Las solicitudes pasaron de 643 en 2022 a 1 257 en la ronda 2025–26; la academia advierte que también influyeron otros factores.
✅ El sorteo evita fingir que existen diferencias precisas cuando la revisión no logra distinguir proyectos cercanos. Aún no hay datos globales sobre cuánto dinero se reparte así, y cada financiador aplica reglas distintas.



