🔬 El equipo de Benjamin Gompertz, de la Universidad de Birmingham, detectó destellos de rayos X 27 días después del estallido GRB 220706A. Este brote tardío sugiere que su motor seguía activo, mucho más allá de los casos conocidos. El hallazgo desafía los modelos sobre cómo estas explosiones mantienen su energía.
Los astrónomos detectaron el estallido de rayos gamma el 6 de julio de 2022. Los 27 días corresponden al tiempo medido en el marco de reposo del propio estallido. El récord anterior de destellos tardíos rondaba los seis días, según Gompertz. El trabajo está disponible en arXiv (preprint; pendiente de revisión por pares).
El equipo también observó una supernova muy brillante, que apunta al colapso de una estrella. Pero ese colapso no basta para explicar los destellos tan tardíos. Una hipótesis propone un magnetar: una estrella de neutrones con un campo magnético muy intenso. Otra plantea que el chorro del estallido y la supernova chocan con capas densas de material expulsado antes por la estrella.
El tamaño de la estrella también podría influir: una estrella mayor tardaría más en colapsar y aportaría energía durante más tiempo. El equipo estima que haría falta una estrella con unas 1 000 veces el radio del Sol, como una supergigante azul. Otra opción es que la diferencia resida en el objeto que queda tras el colapso.
✅ El caso permite poner a prueba cómo una estrella que colapsa puede alimentar un chorro durante casi un mes. El límite principal sigue abierto: el equipo desconoce qué motor produjo esa actividad y el trabajo aún espera revisión por pares. Misiones sensibles a los rayos X, como Einstein Probe, podrían ayudar a encontrar más casos.



